En los últimos años, el vapeo se ha convertido en una alternativa popular a los cigarrillos tradicionales. Si bien ambas prácticas implican la inhalación de nicotina, difieren significativamente en su mecanismo, composición química, riesgos para la salud y percepciones sociales. Este artículo explora las diferencias clave entre vapear y fumar, abordando sus mecanismos, impactos en la salud, potencial adictivo e implicaciones más amplias para la salud pública.

1. Mecanismo: Cómo funcionan

  • Fumar cigarrillos: Los cigarrillos se basan en la combustión. Al encenderse, el tabaco arde a temperaturas superiores a los 900 °C (1652 °F), produciendo humo que contiene nicotina, alquitrán, monóxido de carbono y miles de otras sustancias químicas. Los usuarios inhalan este humo hacia los pulmones, donde la nicotina y las toxinas entran al torrente sanguíneo.
  • Vapeo: Los cigarrillos electrónicos (vapeadores) utilizan un elemento calefactor alimentado por batería para aerosolizar un líquido (líquido electrónico o líquido de vapeo) a temperaturas más bajas (normalmente de 200 a 300 °C o de 392 a 572 °F). El líquido suele contener nicotina, propilenglicol (PG), glicerina vegetal (VG) y saborizantes. En lugar de humo, los usuarios inhalan un aerosol (a menudo llamado vapor), que libera nicotina y otras sustancias.
  • Diferencia clave: Fumar implica quemar tabaco, lo que crea humo. Vapear calienta el líquido para producir un aerosol.

2. Efectos sobre la salud

  • Fumar: Súbito subidón de nicotina, seguido de antojos. Mal aliento, dientes amarillentos y disminución del sentido del gusto y el olfato. Aumento de la frecuencia cardíaca y la presión arterial.
  • Vapeo: Irritación de garganta o «tos del vapeador» por PG/VG. Náuseas o mareos (sobredosis de nicotina). Reacciones alérgicas a los saborizantes o al PG. Ambos provocan una rápida absorción de la nicotina, pero vapear evita el alquitrán y el monóxido de carbono, lo que reduce los daños a corto plazo, como el mal aliento.

3. Potencial de adicción

  • Cigarrillos: Liberan nicotina rápidamente (7-10 segundos en el cerebro) gracias a la combustión y a aditivos como el amoníaco.
  • Vapeo: La absorción de la nicotina varía. Las sales de nicotina (usadas en cápsulas como Juul) imitan la velocidad de los cigarrillos, lo que aumenta el potencial de adicción. Ambos son altamente adictivos, pero el atractivo del vapeo para los jóvenes (a través de sabores y dispositivos discretos) ha provocado un aumento de la dependencia a la nicotina entre los adolescentes.

Los estudios sugieren que vapear puede ser más difícil para los adolescentes que dejar de fumar. Los productos de vapeo suelen contener concentraciones más altas de nicotina (p. ej., cápsulas Juul = 5% de nicotina frente al 1-2% de los cigarrillos), lo que aumenta el riesgo de adicción.

4. Percepciones y tendencias sociales

  • Fumar: Estigmatizado debido a décadas de campañas de salud pública. Prohibido en la mayoría de los espacios públicos a nivel mundial. Consumo en declive: Solo el 11,5 % de los adultos estadounidenses fumaron en 2021 (CDC).
  • Vapear: Comercializado como una alternativa «más segura» o una herramienta para dejar de fumar. Los sabores (p. ej., mango, algodón de azúcar) se dirigen a un público más joven.
  • Popularidad en aumento: El 14,1 % de los estudiantes de secundaria estadounidenses vapearon en 2022 (FDA). Vapear se percibe como algo moderno y menos dañino, lo que impulsa su adopción entre los jóvenes, mientras que fumar se considera cada vez más obsoleto y peligroso.

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5. Panorama regulatorio

Las regulaciones varían a nivel mundial. Estados Unidos prohibió los vapeadores con cartuchos de sabores en 2020 (excluyendo mentol y tabaco). Muchos países restringen la venta a menores, pero la aplicación de la normativa es lenta. La novedad del vapeo ha superado la regulación, aunque las políticas se están endureciendo a medida que surgen riesgos para la salud.

6. Dejar de fumar: ¿Puede ayudar el vapeo?

Algunos fumadores usan el vapeo para dejar de fumar, reduciendo la exposición al alquitrán y al monóxido de carbono. Muchos se convierten en consumidores duales (fumando y vapeando), anulando los beneficios para la salud. La OMS no avala el vapeo para dejar de fumar debido a la evidencia limitada. El NHS (Reino Unido) lo apoya con cautela bajo supervisión médica.

Si bien vapear y fumar liberan nicotina, difieren fundamentalmente en los mecanismos de administración, la exposición a sustancias químicas y los resultados para la salud. Los riesgos de fumar (cáncer, EPOC y enfermedades cardíacas) están bien establecidos, mientras que los efectos a largo plazo del vapeo siguen siendo inciertos, pero preocupantes.

El vapeo elimina las toxinas relacionadas con la combustión, pero presenta riesgos como lesiones pulmonares y una alta adicción a la nicotina, especialmente entre los jóvenes. Ninguna práctica es segura, pero los fumadores que cambian exclusivamente al vapeo pueden reducir los daños. Sin embargo, la mejor opción para la salud sigue siendo evitar ambos.

Las iniciativas de salud pública deben abordar el atractivo del vapeo para los menores, a la vez que apoyan a los fumadores para que dejen de fumar mediante métodos probados, como las terapias aprobadas por la FDA. A medida que avanza la investigación, comprender estas diferencias es fundamental para tomar decisiones informadas sobre el consumo de nicotina.

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El uso de vapeadores está prohibido a menores y no se recomienda el uso de vapeadores a no fumadores.